Mexicanos consumen tortillas y frituras con transgénicos

  • 13 Nov, 2017
  • SALTILLO

Por: Estefany Solis

Al ir a la tiendita de la esquina a comprar alguna fritura nunca nos fijamos en la tabla alimenticia que está en la parte posterior de la bolsita, sólo buscamos el de mejor sabor, el que más nos guste, sin saber qué es lo que estamos consumiendo.

Un estudio donde participó la doctora en genética molecular e investigadora del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México, Elena Álvarez, advierte que 90.4 por ciento de las tortillas que se consumen en el país (1/2 kilogramo diario por habitante) contienen secuencias de maíz transgénico, así como 82 por ciento de las tostadas, harinas, cereales y botanas de este grano.

En México se ingieren 30 millones de toneladas anuales de maíz, 10 de ellas importadas. La forma habitual en que se ingiere el maíz en nuestro país es en tortillas, aunque hay casi 600 maneras de prepararlo o incluirlo en la gastronomía mexicana.

De acuerdo con su estudio, el maíz con el que se han producido algunos productos que consumimos diariamente han sido modificados para resistir plagas y para tolerar el herbicida glifosato que, permite a los agricultores rociarlo por encima del cultivo en crecimiento, matando el resto de semillas sin que afecte la siembra transgénica.

Hasta el momento no se ha comprobado o descartado que el consumo de transgénicos provoque enfermedades en seres humanos, sin embargo, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer dependiente de la Organización Mundial de la Salud ha incorporado el glifosato a la lista de sustancias probablemente cancerígenas para humanos.

Cabe mencionar que en el caso de animales, el glifosato sí es un cancerígeno.

Maíz transgénico en botanas, tostadas y cereales

Dentro del curso para periodistas de ciencia en el Centro de Ciencias de la Complejidad de la Universidad Nacional Autónoma de México, que se llevó a cabo del primero al siete de octubre del 2017, uno de los temas a tratar fue la “Biomonitoreo de transgenes y herbicidas”.

Los transgénicos llevan ese nombre por haber sido modificados genéticamente para “mejorar” sus características, el caso más común es el del maíz, semilla que forma parte de la alimentación básica del mexicano desde la época prehispánica.

A pesar de que no se importa maíz de este tipo a nuestro país, los alimentos procesados que consumimos contienen dicho producto. En una prueba de laboratorio guiada por científicos de la UNAM, en la que tardamos más ocho horas, corroboramos que frituras, tostadas, harina de maíz y cereales, fueron hechos a base de maíz modificado genéticamente.

El experimento en el que participamos inició con la trituración de cada una de las muestras, que aunque tenían oculta la marca, pudimos detectar de qué se trataba. Uno de los equipos eligió las frituras hechas a base de maíz con chile y limón, que en el mercado se encuentran en los 6.00 pesos por porción.

Se debió triturar la muestra con nitrógeno para acelerar el proceso, luego se pesó y se le agregaron químicos para separar la parte sólida y dejar sólo en líquido el ADN que es el componente donde se identifica el promotor P35s, que es extraído del virus del mosaico de la coliflor, y que hace a las plantas resistente al herbicida glifosato.

Después de horas en el laboratorio, expertos en la materia que analizaron cada una de las muestras, determinaron que todos los productos que examinamos contenían este componente; es decir, que uno de sus ingredientes es el maíz transgénico.

Y entonces, ¿qué podemos consumir?

Es complicado responder a dicho cuestionamiento, ya que en el supermercado podemos encontrar infinidad de productos hechos a base de maíz o preparados con jarabes o almidones derivados del maíz.

La investigadora Elena Álvarez indica que la población debe aprender a observar las tablas alimenticias para identificar que productos son saludables. En cuanto al producto en cuestión, menciona que, el maíz morado es el más limpio, porque no se tiene registro de que esta variedad haya sido modificada genéticamente.

Además, comenta que, el morado con un proceso de nixtamalización adecuado contiene antinflamatorios, mientras que el blanco ya ha perdido sus propiedades y si se trata de maíz transgénico enlatado o disfrazado de fritura, contienen menos fibra y se maximizan los almidones que se descomponen en carbohidratos, lo que lo vuelve altamente diabetógeno. También el glifosato se ha relacionado con el aumento de muerte por insuficiencia renal, infertilidad, daño en hígado y páncreas.

Ante tales descubrimientos, Elena Álvarez insiste en la importancia de que el gobierno mexicano interponga medidas para evitar que los transgénicos lleguen a los hogares del país, en productos procesados o bien que, con el paso de los años se permita la producción de maíz transgénico.

Cabe resaltar que las fronteras políticas no son una garantía para que el maíz transgénico llegue a México, porque dichos límites no los conocen los insectos polinizadores que conviven con plantas genéticamente modificadas en Estados Unidos y viajan a cultivos de maíz nativo en México, lo que pudiera provocar la contaminación del mismo.

"Transgénicos en México"

El doctor en genética Alejandro Espinosa Calderón, en su artículo “Abastecimiento de semilla de variedades nativas y mejoradas mexicanas de maíz ante la amenaza de los transgénico”, indica que, hay más de 2.3 millones de variedades de maíz que se cultivan en más de 8 millones de hectáreas en México, el 75% de ellas con variedades nativas y el 25% mejoradas.

En México está prohibido el cultivo de maíz transgénico, sin embargo, en el vecino del norte, Estados Unidos, nuestro principal socio comercial, se localiza la empresa “Monsanto”, conocida a nivel mundial por la producción de maíz genéticamente modificado.

El gobierno mexicano a través de la Secretaría de Agricultura Ganadería y Pesca y el Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas ha señalado que en territorio nacional no se siembra o consume maíz transgénico, sin embargo, los periodistas que acudimos a dicho curso pudimos corroborar de manera científica que no es así.

Proyecto “Hagamos Milpa”

Para fomentar el cultivo de maíz nativo o criollo en México, investigadores de Universidad Autónoma Metropolitana crearon el proyecto “Hagamos Milpa”, en el que participaron también científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México y, consiste en promover la siembra de la semilla propia de cada región con la participación de la comunidad.

Destacan que el maíz es el cultivo más importante para nuestro país, porque ocupa la mayor superficie territorial sembrada tiene mayor volumen de producción, pero también representa a uno de los productos más importados. Dentro de la Segunda Feria de la Diversidad que se realizó en el 2013, se expusieron las diferentes variedades de maíz que se cultivan en el campo mexicano; además se trataron temas como el abandono de las tierras, la competencia entre la agricultura industrial y la campesina y la amenaza de los trangénicos para las semillas nativas.

Una de las conclusiones de este ejercicio, relatadas por el investigador Fernando Castillo González fue que sí es factible la conservación de la diversidad del maíz y el aumento de su potencial productivo. Pero para que esto pueda ser posible, es necesaria la colaboración de agricultores, industriales de la alimentación y autoridades que tengan la voluntad de proteger el maíz mexicano.

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